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Heroína, sustancia semisintética derivada del opio. Se elabora mediante síntesis química a partir de la morfina. La heroína es una droga ilegal altamente adictiva. Popularmente se conoce también con los nombres de caballo, potro, jaco, reina y dama blanca. Desde el punto de vista farmacológico, la heroína es muy similar a la morfina. Como otros alcaloides opiáceos puede producir analgesia, depresión respiratoria, espasmo digestivo e intensa dependencia física. En el ámbito sanitario, su uso está prohibido excepto en determinadas situaciones en las que se requiere autorización.

A finales del siglo XIX, los laboratorios farmacéuticos buscaban una sustancia con propiedades analgésicas similares a la morfina pero con un potencial adictivo menor. En 1874 se sintetizó la heroína, que se comercializó como analgésico para ciertas afecciones pulmonares y para el tratamiento de los adictos a la morfina. En contra de lo que en un principio se creía, la heroína resultó ser una sustancia altamente adictiva.

La heroína se vende ilegalmente en forma de polvo blanco o marrón. Por lo general, se disuelve en agua y se inyecta en las venas (‘pico’). Sin embargo, la amenaza del SIDA ha contribuido a que, en la actualidad, se consuma fumada o mediante aspiración de los vapores que se obtienen al calentarla.


Los efectos provocados
por el consumo de heroína aparecen muy rápido. En los primeros instantes puede producir náuseas y vómitos; después se experimenta una cierta euforia, un placer profundo y una intensa sensación de bienestar. El consumo provoca también sequedad en la boca, empequeñecimiento de las pupilas, pérdida de apetito, estreñimiento, disminución de la frecuencia cardiaca, de la temperatura corporal, hipotensión y falta de sensibilidad al dolor. En casos de intoxicación grave se puede producir depresión respiratoria, coma e, incluso, la muerte.

El consumo crónico origina trastornos del comportamiento y de la memoria, ansiedad, depresión y fuerte dependencia psicológica. Produce también insomnio, inhibición del deseo sexual, ausencia de menstruación, complicaciones pulmonares, trastornos hepáticos, renales, cardiovasculares, anemia, adelgazamiento, problemas dentales e infecciones relacionadas con la vía de administración (abscesos cutáneos, endocarditis, hepatitis, neumonías y SIDA). Algunas complicaciones son consecuencia de la adulteración de la heroína con diversos productos.

La heroína origina tolerancia con mucha rapidez; cada vez son necesarias dosis más altas para conseguir los mismos efectos. Mientras que al principio se consume por su intenso efecto placentero, en poco tiempo se busca para evitar los síntomas de abstinencia. La heroína conduce a un grave deterioro del entorno social del individuo.

El síndrome de abstinencia, conocido como ‘mono’, dura entre cinco y diez días. Se inicia unas 6 a 12 horas después de la última dosis. Al principio hay debilidad, intenso deseo de la droga, lagrimeo, bostezos, sudoración y rinorrea. Después, aparece ansiedad, irritabilidad, temblores, dolores musculares, dilatación de las pupilas, escalofríos, insomnio y agitación. A medida que el cuadro progresa hay fuertes dolores y calambres en las extremidades, fiebre, diarrea, náuseas y vómitos. Posteriormente permanecen signos y síntomas leves que se denominan síndrome de supresión prolongada y que pueden durar hasta seis meses.

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